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"La mentira sexy".

"Espectadorización". Así le llama Caroline Heldman al hábito de estar pendientes de cómo somos vistas por nuestros compañeros sexuales, de cuán atractivas resultamos mientras mantenemos relaciones sexuales, en lugar de ocuparnos de nuestro propio placer. 
"Retoca el maquillaje", "corrige la posición de las piernas", "coloca el pelo", "¿esta luz me favorece?" "¿quién me está observando?" "¿quién no?" Pensamientos derivados del angustiante y permanente "monitoreo" corporal.
Autocosificarnos, vernos como objetos sexuales empeora nuestra función cognitiva. El tiempo que ocupamos en ser los objetos sexuales pretendidos culturalmente y, la forma en que esto puede ocuparnos y preocuparnos, merma nuestro desarrollo personal y, por supuesto, supone un obstáculo para la toma de poder colectivo. Por eso resulta tan conveniente y es machaconamente difundido desde los medios, el tramposo mensaje de "empoderamiento" a través de nuestra imagen hipersexualizada; mensaje que esconde un mandato básico de la ideología patriarcal: ser seres para otros. El empoderamiento es no ser violadas o asesinadas, o aprobar legislación garantista de los derechos humanos de mujeres y niñas. Lo otro, es convertirnos en síntomas de un problema. 
Os recomiendo esta pequeña charla, donde se abordan estas y otras consecuencias de la reificación y, ya que estoy, el libro "El mito de la belleza" de Naomi Wolf, donde la autora desarrolla estas consecuencias. 
Como dice Carole Heldman, "criamos a los niños haciéndoles saber que sus cuerpos son herramientas para dominar su entorno. Sin embargo, criamos a las niñas para que vean sus cuerpos como proyectos que constantemente deben ser mejorados". 
Tenemos que cambiar, de manera radical, esta realidad. Tenemos pues, que acabar con la socialización de género.



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