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El feminismo no es una teoría de los deseos ni de las subjetividades.


Quisiera hacer un breve comentario sobre la primera intervención de Irene Montero como Ministra de Igualdad y explicar por qué a algunas feministas nos preocupan sus palabras y los nombramientos realizados en el área de Igualdad. Montero habla del reconocimiento de identidades en su discurso. El feminismo, como dice la filósofa Amelia Valcárcel, no es una teoría de los deseos ni de las subjetividades. No forma parte de nuestro corpus teórico ni de nuestra agenda, la exigencia de aprobación de leyes de identidad que socavan los derechos de las mujeres, como muchas feministas estamos explicando desde hace tiempo a pesar del acoso, de las amenazas y de que una buena parte de la izquierda, por cobardía o cómoda adhesión a postulados posmodernos de fácil defensa, nos está dejando solas. ¿Si instituimos leyes que reconocen el sexo como una realidad mutable sin más requisito que la mera declaración, como vamos a denunciar la discriminación por razón de sexo, la jerarquía sexual o lo que nos pasa a las mujeres por simple y llanamente, haber nacido mujeres? Las mujeres no somos una identidad, ni un colectivo ni una diversidad más y no nos merecemos que la agenda feminista sea diluida en una amalgama de vindicaciones que no nos pertenecen. Sigue Montero y habla de “interseccionalidad”. Recordemos que esta en una categoría de análisis para explicar el entrecruzamiento de las opresiones por razón de sexo, clase y raza, no un término que sirva para justificar, como tantas veces se ha hecho desde eventos “feministas” propiciados por Podemos, la ampliación o puesta en riesgo del sujeto político del feminismo y cuya consecuencia es negar a las mujeres como centro y sujeto del movimiento feminista para empezar a ocuparnos de las reclamaciones de otros sujetos y/o colectivos que deberían militar en su propio movimiento. Ser mujer es nacer con sexo femenino. Y nacer con sexo femenino sigue siendo una condena en buena parte del mundo y sigue originando en nuestro país, a través de la socialización de género, la desigualdad estructural que padecemos las mujeres. Nos preocupa que negacionistas de esta realidad constatable ocupen por ejemplo, la dirección del Instituto de la Mujer. A las feministas abolicionistas de género se nos acusa de fascistas y afines a Vox. Lo cierto es que el Instituto de la Mujer con Vox no existiría, sabemos que lo destrozarían y con las políticas queer de Podemos, pasará a ser el Instituto de género o diversidad sexual. Las consecuencias, las mismas: invisibilización de las mujeres y negación de la problemática concreta. Convendría pues, que revisaran las implicaciones prácticas de sus ideas teóricas antes de hacer acusaciones. Siento disentir en un día que para otras compañeras (en otros asuntos) es de alegría, pero como la propia Montero dijo en su intervención, espera de nosotras sentido crítico. Pues aquí lo tiene y por el bien de todas las mujeres, espero que nos escuche.



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